Martes 28 de Mayo 2024
COLUMNA INVITADA

(Falta de) Propuestas de biodiversidad de las candidatas a la presidencia

Créditos: Pixabay
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Escrito en MÉXICO el

El cambio climático, la sobrepesca y la contaminación son distintas formas de degradación de los ecosistemas marinos causados por el ser humano. Irónicamente, a medida que estos ecosistemas se degradan, también disminuye su capacidad para proporcionar los alimentos de los que dependemos y para regular el clima, empeorando la crisis climática.

En diciembre de 2022, l96 naciones acordaron tomar medidas urgentes para detener la pérdida de biodiversidad y proteger al menos el 30% de mares y tierra para el 2030, agenda conocida como 30x30. Sin embargo, al día de hoy, no hay un país en el mundo que invierta más en proteger la naturaleza que lo que gasta en destruirla, a través de subsidios que perjudican los ecosistemas.

El problema es que la protección de la biodiversidad requiere de recursos y la mayoría de los países en desarrollo, algunos de ellos entre los más biodiversos del mundo, lidian con altos índices de deuda, altas tasas de interés, y dificultades para conseguir financiamiento en los mercados de capital. Esto limita su capacidad para invertir en la protección y restauración de la naturaleza.

Ante esta problemática, figuras políticas, incluyendo primeros ministros y presidentes de América Latina y Caribe, han exigido reformas de fondo en la arquitectura financiera internacional. 

Así, se vuelve fundamental el rol de los bancos de desarrollo, de los inversionistas, de la filantropía y de las empresas en la protección de la biodiversidad. Estas últimas deben entender su impacto en la biodiversidad, así como el riesgo que la pérdida de ésta implica en sus operaciones, con el fin de gestionar y mitigar ambas cosas.

Por su parte, bancos, inversionistas y filántropos deben apoyar proyectos positivos para la biodiversidad y hacerlos más atractivos para atraer el capital necesario. De otra forma, los países no podrán cumplir con sus compromisos del 30x30—aunque quieran. 

Pero ahora falta que quieran. En México, donde lamentablemente en el último sexenio el medio ambiente no fue prioridad, ninguna de las dos candidatas a la presidencia tiene mucho qué decir respecto a estos temas. Ambas han mencionado la necesidad de apostar fuerte por las energías renovables para combatir el cambio climático; sin embargo, la energía es solo un factor en este fenómeno.

En México, por ejemplo, el 36% de las emisiones de CO2 y la mayoría de las emisiones de otros gases de efecto invernadero (GEI) potentes, provienen de otras fuentes y sectores, como el agropecuario. 

La agenda de biodiversidad no parece figurar en sus plataformas tampoco, aunque hay diferencias. En la propuesta de Claudia Sheinbaum, la palabra biodiversidad aparece una vez, haciendo alusión a que la soberanía alimentaria buscará ser sostenible en cuanto a la biodiversidad. No hace mención alguna sobre áreas naturales protegidas (ANP), y el tema ambiental se enfoca meramente en lo hídrico. De buenas menciona la reforestación y protección de los bosques, también una vez.

Por su parte, la propuesta de Xóchitl tiene un poco más de sustancia en cuanto a la biodiversidad, proponiendo incluirla en la Constitución para evitar la sobreexplotación de recursos tanto marinos como terrestres, y rescatar las ANP del crimen organizado.

También hace alusión a estrategias de financiamiento de la protección de la biodiversidad que han resultado exitosas en países como Ecuador y Costa Rica: programas de pago por servicios ambientales. Finalmente, y muy importante, menciona la necesidad de cumplir con compromisos internacionales no sólo en materia climática, sino también de biodiversidad—o sea, la agenda del 30x30. 

La protección del capital natural, y en particular de los sumideros de carbono (los bosques y mares), debería de ser estrategia prioritaria al hablar de la crisis climática en nuestro país. Las oportunidades abundan. México es el cuarto país del mundo en cuanto a extensión de manglares, un ecosistema extremadamente eficiente en capturar y absorber CO2.

Además, datos del gobierno estiman que más del 70% del territorio nacional está cubierto por algún tipo de vegetación forestal. Así, “los ecosistemas forestales son capaces de secuestrar el 25% de las emisiones de GEI de nuestro país cada año” según la CONAFOR. 

México es considerado un país "megadiverso", siendo una de 17 naciones en el mundo con esa distinción.  Ojalá que la futura presidente de México defienda nuestra diversidad biológica. Si no por su valor intrínseco, que lo haga porque sabemos que no hay ruta o solución a la crisis climática sin preservar la naturaleza. 

*Tania Miranda es directora del programa de medio ambiente y cambio climático del Instituto de las Américas.